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Estos son los cazatesoros con los que Santos se repartirá el botín del San José

Bogotá, 08 de abril de 2018.- El día en que se anunció en Colombia -diciembre de 2015- el hallazgo del galeón San José, se acabó la transparencia. No hubo más datos comprobables, ni debate académico, ni explicaciones, que son la base de cualquier proyecto científico. Todo se cambió por secretos y ventajas políticas otorgados por el presidente Juan Manuel Santos a una empresa cuyo nombre no se reveló hasta el pasado 23 de marzo, dos años y medio después, y cuyo contrato se ha hecho a medida en la total opacidad, generando inseguridad jurídica. Ahora sabemos por qué.

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La publicación de la llamada Asociación Público Privada por valor 197.700 millones de pesos (unos 60 millones de euros) da una ventaja palmaria a esa empresa -MAC, Maritime Archaeology Consultants Switzerland AG- sobre otras interesadas, que solo tienen un mes para armar sus posibles proyectos. El San José es el botín que se repartirán cazatesoros establecidos en esa empresa con la complicidad del secreto presidencial.

Mensun Bound, de Oxford, sin Oxford

Santos dijo a primeros de julio de 2017: «Hoy puedo anunciar a Colombia y al mundo que, luego de más de dos años de estructuración, ya contamos con una propuesta que cumple con los más altos estándares científicos, tecnológicos y financieros requeridos para el conocimiento del patrimonio cultural». Y añadió: «Estoy dispuesto a contratar un verdadero “dream team”, la mejor selección del mundo» para el proyecto. El casting ha terminado en puro fracaso.

El único arqueólogo marítimo en el equipo de la empresa MAC es Mensun Bound, de dudosa trayectoria. Es famoso en Vietnam porque estuvo al frente del pecio del Hoi An y sus prácticas han quedado narradas en el libro «Dragon Sea» de Frank Pope, un antiguo colaborador que dice que el inversor puso 14 millones de dólares y solo recuperó 2,9 en una subasta que acabó con un 60% de los lotes sin vender. El Gobierno se quedó con menos del 10 por ciento de las piezas repetidas. Además, esa excavación no será recordada por las publicaciones científicas que generó.

Nacido en Malvinas en 1953, Bound afirma en el primer punto de su currículum que es «Triton Felow» del colegio de St. Peters de la Universidad de Oxford. Un arqueólogo de Oxford valdría su peso en oro -nunca mejor dicho- para el plan de Santos. Pero no solo no tiene nada que ver con la prestigiosa universidad británica, sino que allí le repudian.

Damian Robinson, director del Centro de Arqueología Marítima de Oxford (OCMA) es muy claro al responder las preguntas de ABC: «El señor Bound no trabaja en esta universidad ni es empleado de ninguno de sus colegios. No es miembro del OCMA ni de la Facultad de Arqueología. Su relación con Oxford acabó en 2000 por diferencias éticas referentes a la excavación de pecios y su financiación». ¿Está suficientemente claro? Rompieron con él hace 18 años por el modo turbio de financiar sus excavaciones.

Robinson añade, por si alguien duda de lo que Santos entiende por los más altos estándares: «Vender parte de la carga es inaceptable éticamente y no queremos tener nada que ver con ello. Es muy clara nuestra posición en este punto». El director del OCMA ni conoce a Bound y afirma que su única asociación posible «es que posee una capacitación de investigador, pero no enseña ni tiene contacto con nuestros estudiantes ni en el colegio ni la universidad». Descartado para «dream team».

Mozambique, Cabo Verde y Uruguay

Otro rastro de este extraño arqueólogo que se da el pisto de Oxford nos lleva a Mozambique, donde expolió un pecio portugués del XVI en asociación no con ninguna universidad, sino con una de las grandes empresas de cazatesoros: Arqueonautas. Sobre aquella investigación Bound publicó en 2004 en la revista «Explorers Journal» un artículo: «Once upon an island» en el que afirma: «Al contrario que España, cuyos conquistadores se movían por el deseo de oro…»

No parece un texto que le convierta en el más indicado para abordar el pecio de un buque español. A pesar de su visión negativa de los españoles, no es difícil imaginar por qué le mueve un galeón «de tesoro».

Pero hay más. El centro de Historia Naval de la Marina de EE.UU. también le conoce, le escribió en diciembre de 2002 una extensa misiva para reprocharle, en calidad de asociado a Arqueonautas, la «remoción de numerosas piezas del buque Yorktown [hundido en Cabo Verde en 1850] que fueron vendidas» en una subasta de Sotheby’s en 2000. La US Navy recordaba que es un buque protegido por la inmunidad soberana y citaba el caso del Juno y la Galga, barcos españoles como la fragata Mercedes cuyos objetos expoliados los cazatesoros perdieron por una sentencia judicial. «Son propiedad de EE.UU. y no les compensaremos por ellas», escribía Jack Rockafellow, abogado de la Navy, en la carta a cuya copia ha tenido acceso ABC.

Bound respondió a esa carta desde su casa de Nueva York, donde pasaba las navidades, y se excusó diciendo que «no conozco el pecio del Yorktown personalmente, pero ha sido saqueado como tantos otros durante años por buceadores deportivos y pescadores». Y pedía a la Navy que contactase con Margaret Rule -otro personaje que merece una novela-, de Arqueonautas. Lo hicieron, y ella dijo: «No soy empleada de Arqueonautas y Mensun Bound es el responsable de todo el trabajo de campo».

También tiene andanzas en Uruguay, donde tocó el buque alemán Graf Spee y ha buceado entre los esqueletos de soldados españoles ahogados en el naufragio del Salvador, que mecen las olas todavía en Punta del Este, de donde se han extraído objetos personales de aquellos bravos españoles del batallón de la Albuera. ¿De verdad Santos no podía haber encontrado a nadie mejor?

George Horsington, director del proyecto San José


El director del proyecto San José es George Horsington, un profesional de la industria marítima con un máster de historia, titulación que no se convalida en la facultad «dream team». Horsington está vinculado a la empresa Swire Group en Hong Kong, la que en 2015 y 2016 puso los barcos para explorar el San José y, ¿casualmente?, la misma que trabajó con Odyssey Marine Exploration en el rescate de la plata del Gairsoppa en 2013. Su carrera no tiene nada de histórico, a pesar de su máster por Cambridge, sino que ha vivido en Singapore, Dubai y Bakú porque su especialidad es la de gas y petróleo. Tal vez el galeón era un petrolero camuflado o puede que siempre soñase con ser arqueólogo. Ya tiene su excavación. No es «dream team».

Fredrick Soreide, técnico en profundidad

Otro técnico de acreditada eficiencia en el manejo de vehículos remotos, con sobrada experiencia, pero que ha hecho más misiones mineras que excavaciones, es el noruego Fredrick Soreide. Publicó algunos artículos contra la industria cazatesoros y desde entonces su empeño es generar excavaciones financiadas con la carga de los buques que se rescatan. Esto tiene un nombre comercial -y no es «dream team»- para sacar a luz la historia de la Armada española.

Roger Dooley, diseñador de Carisub

Según se baja en el escalafón de la empresa MAC, todo se vuelve peor. El siguiente es Roger Dooley, que fue director de Visa Gold (apréciese el nombre humanístico de la compañía con base en Ontario). Empezó a trabajar para Fidel Castro en 1989, cuando el dictador les contrató para paliar con oro de los galeones la pérdida de ayudas soviéticas tras la caída del Muro de Berlín. Se les acusó de fraude y Castro le contrató para el diseño de Carisub, una empresa que hacía caza de tesoros en nombre de la revolución, ahí es nada, por ejemplo con el galeón Inés de Soto, hundido en 1572.

Tuvieron tantos fallos y problemas de restauración que acabaron llegando a acuerdos con empresas de cazatesoros para el manejo y venta de los objetos. Hoy en día trabajan en Cuba y también en Chile con uno de sus socios, Oriflama (¿adivinan de qué «ori» viene el nombre?). Aunque han mejorado en sus técnicas, siguen quedándose con el 25%. En Iberoamérica los científicos más reputados les evitan como la peste.

A Dooley se le ha visto en Cartagena de Indias, en compañía de Santos, sus colaboradores y de arqueólogos del ICAHN desde 2016. Está en el origen, junto a Burt Webber, uno de los grandes cazatesoros de la historia, de los que más pecios españoles ha reventado. Fue el corrector de la ley cuando declaró que por menos del 50% Santos no encontraría socios y logró que la ministra de Cultura pusiera «hasta el 50%» en el texto legal. En las últimas etapas del proyecto ha desaparecido de la escena colombiana, aunque tal vez siga entre bambalinas, a la espera de otro pecio cargado de esmeraldas, el San Roque, que persigue desde hace décadas en noble competencia con un investigador colombiano aficionado y aliado de Odyssey Marine Exploration, Daniel de Narvaez McAllister. El San Roque será el siguiente, al tiempo.

Manuel Almeida, ¿de Unesco?

Otro de los hombres de MAC viene también de Carisub: el cubano Manuel Almeida Estévez, un reputado restaurador especializado. En su currículum destaca que pertenece a Unesco, donde «es profesor desde 1999». Como Oxford, Unesco suena bien para el «dream team». Preguntamos en la organización y el resultado es otra vez desalentador. A preguntas de ABC, responden: «No le conocemos, ni es profesor, ni es de Unesco». No mantiene relación ninguna con la organización. Otra mentira emborrona con tinta de calamar el escudo del «dream team».

Almeida sí tiene un notable currículum científico y no necesitaba ese añadido. Lo curioso es que en 2014 publicó un artículo defendiendo la «conservación in situ» para el pecio del Navegador, con elogios a la Unesco, y ahora participa en el proyecto letal para la Convención 2001, de la que Cuba, no olvidemos, es signatario. La ética del científico no computa en el proyecto de Santos en Colombia.

Almeida es un profesional sumamente inadecuado, dada su relación con la empresa Maritime Research and Recovery, cuyo laboratorio colaboró con la compañía IMDI en el saqueo del San José, en Panamá. Las personas vinculadas a expolios sobre pecios del patrimonio común hispánico deberían tener vedado trabajar en la arqueología pública de los galeones.

Pero si de restauración hablamos, quienes mandan en MAC son los británicos, ya que se dice que buena parte de los inversores proceden de Gran Bretaña. El comodoro Wager no pudo dar caza al tesoro del San José en 1708 pero gracias a Santos los ingleses podrán tenerlo finalmente. La «charity» York Archaeological Trust, cuyo departamento de conservación dirige Ian Panter, será la encargada del negocio.

El «casting» frustrado de Herman Moro

No podríamos concluir el recorrido sin conocer al director del «casting» que, de parte de Santos, ha buscado arqueólogos. Se trata de Herman Moro, director de Marine Archaeology International. Hijo de diplomático argentino, vivía en Washington desde 1988 y se ganaba la vida como jardinero, o paisajista. Hizo un curso de buceo en 1991 en Sea Ventures y leyó sobre la búsqueda del galeón Jesús María de la Limpia Concepción, Capitana de los Mares del Sur, «La Capitana», hundido en 1654 en Ecuador. Viajó allí y se juntó con otro investigador, Rob McClung. Repartieron a medias con el Gobierno de Ecuador el tesoro, del que todavía siguen vendiéndose monedas. No hay publicaciones científicas, su memoria se ha dispersado, como la de cientos de buques españoles expoliados, en el mercado. Ya es triste que con un curso de buceo y «mucha experiencia» se permita acceder a yacimientos tan importantes para la historia de nuestra comunidad de naciones iberoamericanas.

El arqueólogo Michel L’Hour -este sí de Unesco- confirmó a ABC que Moro le contactó el pasado septiembre. Le dijo que Santos le había encargado reclutar arqueólogos prestigiosos, pero L'Hour rechazó participar porque el proyecto está enfocado a la venta de las piezas arqueológicas. Está claro el fracaso sin paliativos del empeño presidencial que iba ser el «dream team».

Con información de EFE y AP



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