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Nicaragua, ¿y ahora qué?: un debilitado Daniel Ortega enfrenta su crisis más grande con un tendal de muertos sobre su espalda

Bogotá, 28 de abril de 2018.- Once años después de haber regresado al poder, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, enfrenta su primera gran crisis. 

Miles han salido a las calles durante nueve días para exigir cambios sustanciales en Nicaragua e incluso su renuncia. 

Las manifestaciones son un parteaguas en la historia reciente del país centroamericano, que en las próximas semanas iniciará un diálogo en el que se pondrán sobre la mesa varios temas que inquietan a los estudiantes, empresa privada e Iglesia Católica, entre ellos una investigación sobre los asesinatos de manifestantes en los primeros cinco días de manifestaciones.

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Ante ese escenario, ¿qué tan debilitado está el gobierno de Ortega? "Mucho", asegura Humberto Meza, doctor en ciencias políticas consultado por Infobae. "No solo por el nivel de indignación que despertó la reforma al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) en su momento, sino principalmente por el nivel represivo con el que el gobierno actuó y ahí tenemos las evidencias: más de 30 jóvenes vidas perdidas que indignaron al país entero".

Meza recuerda que después de la represión policial el movimiento estudiantil que desde las universidades protestaba acuñó la frase de "Ya no es por INSS". "Se agregaron otras pautas que son altamente sensibles para los nicaragüenses, como los asesinatos a los jóvenes, las prisiones innecesarias, y ahora vemos que hasta hubo tortura policial", explica Meza.

Las protestas estudiantiles, que iniciaron con una marcha pacífica el miércoles 18 de abril, y fueron reprimidas por fuerzas de choque y por la Policía Nacional, eran por las reformas al seguro social, que contemplaban el aumento en las cotizaciones de los asegurados, de la patronal y la deducción de un 5% en las pensiones de los jubilados. Sin embargo, cuando empezó la represión policial, que el jueves 19 provocó los dos primeros muertos, los pobladores salieron a las calles. Así se fue despertando un gigante dormido.



Ese gigante, con carteles de "nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo", marchó el lunes 23 de abril por las principales calles de Managua sin ser reprimido. Aunque los empresarios convocaron a esa manifestación, los marchistas cambiaron la ruta y portando banderas azul y blanco llegaron hasta la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) para apoyar a los estudiantes que se encuentran atrincherados en esa casa de estudios. La multitudinaria marcha en Managua fue la primera en al menos nueve años en la que la población puede manifestarse libremente.

"Las manifestaciones aún no tienen un final claro, pero el resultado es ya la ruptura del silencio de los nicaragüenses y el debilitamiento de Ortega y su andamiaje de poder", sostiene el sociólogo Juan Carlos Gutiérrez Soto en su artículo "La insurrección cívica de los autoconvocados en Nicaragua", publicado en el sitio web Estudios de Política Exterior.

Las manifestaciones aún no tienen un final claro, pero el resultado es ya la ruptura del silencio de los nicaragüenses y el debilitamiento de Ortega y su andamiaje de poder

La ex comandante guerrillera Mónica Baltodano, quien abandonó el Frente Sandinista antes que regresara al poder en las elecciones generales de 2006, coincide en que las manifestaciones marcan un antes y un después porque "se rompió la lógica de que las calles" son del partido de Gobierno.

"Es un parteaguas porque miles de sus propias bases se convencieron de que este gobierno es una dictadura, que ha suprimido de facto derechos esenciales de los ciudadanos", añade Baltodano a Infobae. La ex guerrillera explica que "la juventud pasó, en un solo movimiento, de una exigencia social, a las demandas de la democracia y las libertades ciudadanas y políticas, como resultado de un acumulado de molestias anteriores, puestas de manifiesto desde hace años", y que escalaron por la represión, que dejó más de 200 jóvenes heridos, más de 100 capturados y al menos 35 muertos.

Miles de sus propias bases se convencieron de que este gobierno es una dictadura que ha suprimido de facto derechos esenciales de los ciudadanos "Eso provocó tal indignación y entonces se perdió el miedo, y rápidamente se redescubrió el poder de los sectores populares movilizados", dice Baltodano.

Pese a todo, Humberto Meza advierte que "no podemos olvidar que por más deslegitimado que esté el gobierno, Ortega sigue siendo Presidente de la República y sigue manteniendo el control absoluto del Estado".

"A pesar de la multitudinaria marcha que el lunes demandó su renuncia, no significa que el Presidente ya haya tomado esa decisión. El desafío está en que esta sea una salida que oriente a una real y profunda reforma del Estado, capaz de honrar la vida de quienes murieron estos días", considera Meza.

"Creo que la única actitud que el Gobierno deba tomar y que oriente a un cambio verdadero es: justicia para los asesinados, investigación de las denuncias de torturas en la prisión, regreso de los oficiales a sus cuarteles, el fin de las burdas manipulaciones y mentiras de sus medios de comunicación y destitución de la jefa de la Policía. Ese para mí es el punto de partida. Ya otros sectores añaden otras pautas además de esas, que van desde reformas electorales hasta la renuncia de Ortega y Murillo. No me queda claro cómo están las condiciones para esa segunda pauta que es mucho más traumática, pero es que además, todo está bastante nuevo, está todo crudo, es muy reciente", dice Meza.


A criterio de Mónica Baltodano el gobierno "no hará grandes cambios porque hay demasiada soberbia y también temor". Agrega que "Daniel Ortega es campeón de la maniobra, así que creo que tratarán de maniobrar y como se dice popularmente "darle vuelta" al movimiento, engañarlos, como ha engañado a las bases populares de sus organizaciones. Pero la gente ya ha dado el primer paso".

El jueves tres de los líderes de los estudiantes que estaban atrincherados en la Upoli, que han acuñado el nombre de Movimiento Estudiantil 19 de Abril, anunciaron que abandonarán la universidad porque personas afines al Gobierno se han infiltrado.

El diálogo

Todos los sectores en Nicaragua están abogando por un diálogo nacional que ahora no solo aborde las reformas a la seguridad social sino la institucionalidad, el estado de derecho y el control absoluto que Ortega tiene de todos los poderes del Estado.

Juan Sebastián Chamorro, director de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social (Funides) considera que el Gobierno está en "una encrucijada compleja de orden histórico".
"El anuncio de que los estudiantes van a participar ha venido como una excelente noticia porque ellos son los que nos han llevado hasta aquí, a las puertas de poder hacer un cambio", declaró Chamorro a El Nuevo Diario.

"La gran incógnita en estos momentos es quién será el interlocutor de parte del Gobierno. Ojalá no envíen personas irreflexivas, ideológicas y de poco diálogo que atrasen o impidan la búsqueda de soluciones, peor si ponen a personas que han participado en la represión"
, dijo Chamorro.

Cuatro obispos de la Iglesia Católica serán testigos y garantes del diálogo, pero aún no está definido qué otros sectores participarán.

¿Qué pasa con el Frente Sandinista?

Para Juan Carlos Gutiérrez Soto con las manifestaciones ha quedado al descubierto también la desmoralización o fraccionamiento de la base partidaria del Frente Sandinista.

"Las simbólicas plazas sandinistas fueron tomadas en rechazo a la represión y a las medidas de Ortega y Murillo. La presión juvenil y de otros sectores ha obligado al gran capital a romper los canales ya habituales de comunicación y negociación que han tenido desde 2007 con el gobierno", sostiene en su artículo.

Mónica Baltodano va más allá: "El Frente Sandinista como partido político con sus rituales y procedimientos dejó de existir desde hace mucho tiempo. Rosario Murillo (vicepresidenta de la República y esposa de Ortega) lo sustituyó por una estructura de recién ingresados a la lucha política, porque necesitaba construirse un aparato que se le subordinara. En ese sentido los históricos eran estorbosos".

El Frente Sandinista como partido político con sus rituales y procedimientos dejó de existir desde hace mucho tiempo Los históricos son los miembros del Frente Sandinsta que derrocaron en 1979 al dictador Anastasio Somoza Debayle y luego permanecieron en ese partido durante la Revolución Sandinista.

"Los pocos que quedan dentro fueron mandados a tareas secundarias, que aceptaron humillándose. Pero en esta ocasión miles de personas del sandinismo que le respaldaba porque se tragaron el cuento de que este era 'la continuidad de la Revolución' han abierto los ojos en estos días, y tampoco ya nada será igual dentro de los seguidores del régimen", considera Baltodano.

Desde que la Policía Nacional dejó de reprimir las marchas esta semana a solicitud de la sociedad civil, la Iglesia Católica y los empresarios, centenares salen a diario a protestar en las calles de las principales ciudades del país, algo que no se veía desde hace décadas en Nicaragua.

"En los últimos días he leído varias cartas y reproches de los líderes históricos al orteguismo. Tampoco es que eso sea totalmente nuevo. Desde hace años sabemos que existe un resentimiento debido a la influencia de Murillo para ir desplazando a los líderes históricos, rodeando al orteguismo de una camarilla de leales por prebendas, posiciones y hasta el poder para golpear impunemente", dice Humberto Meza, quien agrega que "lo nuevo es que se ventile ferozmente y públicamente en medio de esta crisis".

"Creo que a los históricos les duele haber visto varias banderas del FSLN quemadas, la memoria de la revolución vilipendiada por las estupideces de su líder. La verdad yo estoy particularmente curioso de ver cuál va a ser el impacto de ese conflicto para el curso de la crisis".

Con información de EFE y AP



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